
Media hora para hablar del tema, ya que tengo que ingestarle algo de alcohol a mi sistema y seguir reflexionando...
Pues sí. Parece un nombre algo apropiado para el esquema. Levantarte, trabajar, cobrar, pagar, comer, dormir, pretender y el sexo donde tenga espacio entre alguno de estos. La vida como la viven las masas en occidente. Me reconforta un poco saber que existen aquellos que, por lo menos, disfrutan lo que hacen para poder comer, dormir y "vivir". Aún así, alcanzo a ver, desde donde estoy parado, la linea que se sigue. Mis arranques, mi frustración, mi ira, pero sobre todo, mi carencia de comprendimiento hacia todo esto, tienen una raíz, y me es necesario tratar de diseccionarla un poco por medio de mis letras, pero ello sería como tratar de diseccionar una idea tan imposible como la naturaleza de todo lo que no comprendemos: Dios, el Universo y la naturaleza humana.
Pues sí, ¿no? Dejar un trabajo por un arranque de frustración, un capricho, como algunos lo interpretarían. Pero eso me hizo pensar en las sexoservidoras que dicen ser lo que son para mantener a un hijo, mantenerse a ellas mismas, o razones "justas" que muchos no entendemos. Las historias detrás de aquellas mujeres que se recargan en las paredes de los establecimientos en un callejón, en espera de un postor. Y muchos dicen: "¡Son putas, porque les gusta ser putas!" En lo personal, aún creo lo mismo. Pero ese uniforme que hasta el pasado lunes portaba (Shorts beige, cinturón negro, camisa multicolor con peces tropicales, gorrita y mis tenis blancos), la rasurada al raz para motrar esa sonrisa tan auténtica como un billete de $3 dólares, y, por supuesto, mi disposición para realizar las labores más degradable, no sé si me permitian continuar opinando lo mismo sobre esas mujeres.
No sólo era eso, sino la naturaleza de mi antigua ocupación (u ocupaciones), lo que me hacen pensar en todo esto. Me hubiera gustado poder decirles "Ocho míseros dólares por cada hora de mis servicios, mientras sus directores ejecutivos se pudren en estos billetes; mientras les ayudo a joderse a las masas y al medio ambiente gastando ese recurso vital no renovable en miles de galones con el puro fin del maldito lucro; mientras mantengo esta imagen falsa y degradable por su puro pinche gusto. Ocho, malditos dólares, por cada hora de mis servicios." Y era la verdad. No era más que un tornillo del todo reemplazable, que auxiliaba en una de las miles de funciones a un coloso mecánico con un sólo fin en su cabeza: el dinero. Un tornillo, o tal vez sólo parte de uno, que a su vez era parte de una máquina colosal que junto con miles de su clase componían los cimientos básicos de la suspensión de este país, tal vez incluso, de nuestros tiempos.
No soy comunista, socialista o anarquista. Sólo alguien que piensa en la naturaleza de lo que hago para, incluso, tener acceso a un medio para publicar esto en linea...
Pues sí. Parece un nombre algo apropiado para el esquema. Levantarte, trabajar, cobrar, pagar, comer, dormir, pretender y el sexo donde tenga espacio entre alguno de estos. La vida como la viven las masas en occidente. Me reconforta un poco saber que existen aquellos que, por lo menos, disfrutan lo que hacen para poder comer, dormir y "vivir". Aún así, alcanzo a ver, desde donde estoy parado, la linea que se sigue. Mis arranques, mi frustración, mi ira, pero sobre todo, mi carencia de comprendimiento hacia todo esto, tienen una raíz, y me es necesario tratar de diseccionarla un poco por medio de mis letras, pero ello sería como tratar de diseccionar una idea tan imposible como la naturaleza de todo lo que no comprendemos: Dios, el Universo y la naturaleza humana.
Pues sí, ¿no? Dejar un trabajo por un arranque de frustración, un capricho, como algunos lo interpretarían. Pero eso me hizo pensar en las sexoservidoras que dicen ser lo que son para mantener a un hijo, mantenerse a ellas mismas, o razones "justas" que muchos no entendemos. Las historias detrás de aquellas mujeres que se recargan en las paredes de los establecimientos en un callejón, en espera de un postor. Y muchos dicen: "¡Son putas, porque les gusta ser putas!" En lo personal, aún creo lo mismo. Pero ese uniforme que hasta el pasado lunes portaba (Shorts beige, cinturón negro, camisa multicolor con peces tropicales, gorrita y mis tenis blancos), la rasurada al raz para motrar esa sonrisa tan auténtica como un billete de $3 dólares, y, por supuesto, mi disposición para realizar las labores más degradable, no sé si me permitian continuar opinando lo mismo sobre esas mujeres.
No sólo era eso, sino la naturaleza de mi antigua ocupación (u ocupaciones), lo que me hacen pensar en todo esto. Me hubiera gustado poder decirles "Ocho míseros dólares por cada hora de mis servicios, mientras sus directores ejecutivos se pudren en estos billetes; mientras les ayudo a joderse a las masas y al medio ambiente gastando ese recurso vital no renovable en miles de galones con el puro fin del maldito lucro; mientras mantengo esta imagen falsa y degradable por su puro pinche gusto. Ocho, malditos dólares, por cada hora de mis servicios." Y era la verdad. No era más que un tornillo del todo reemplazable, que auxiliaba en una de las miles de funciones a un coloso mecánico con un sólo fin en su cabeza: el dinero. Un tornillo, o tal vez sólo parte de uno, que a su vez era parte de una máquina colosal que junto con miles de su clase componían los cimientos básicos de la suspensión de este país, tal vez incluso, de nuestros tiempos.
No soy comunista, socialista o anarquista. Sólo alguien que piensa en la naturaleza de lo que hago para, incluso, tener acceso a un medio para publicar esto en linea...
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